miércoles, 26 de junio de 2013

LA MALDICION DE TUTANKAMON





EL MISTERIO DE TUTANKAMON
 
LA MUERTE



Mucho se ha especulado sobre la muerte de Tutankamón. Algunas teorías apuntaban a que fue asesinado de un golpe en la cabeza (luego se determinó que el cráneo se fracturó durante el embalsamamiento de la momia). También se dijo que su propio carro le pasó encima luego de una caída, aplastándole el torso (faltaban algunos huesos del pecho en la momia).

Pero Zahi Hawass, ex ministro de Arqueología de Egipto, dio a conocer en 2010 (National Geographic) que tomografías computarizadas (TC) realizadas en 2005 a la momia de Tutankamón y un estudio paleogenético demostraron que el joven faraón murió de malaria, después de sufrir una lesión en la pierna.

Sin embargo, el genetista italiano Giuseppe Novelli publicó un artículo en la revista “Nature” cuestionando los resultados de la investigación de Hawass.Novelli argumenta que “encontrar pruebas de la existencia del parásito de la malaria no resulta tan sorprendente, ya que debía ser bastante común en Egipto. Además, en las regiones palúdicas, las personas que sobreviven en su infancia suelen desarrollar una especie de inmunidad parcial contra la malaria que las protege de la enfermedad en las etapas adultas de su vida”.

Hawass indica que la familia real no padecía alguna enfermedad congénita, como el síndrome de Marfan, que explicara las caras alargadas y el aspecto feminizado observado en las representaciones artísticas del período de Amarna.

“Tutankamón tenía el pie izquierdo equinovaro, le faltaba un hueso en uno de los dedos, y algunos huesos del pie estaban necrosados. Los estudiosos ya habían señalado que en la tumba de Tutankamón se habían hallado 130 bastones completos o fragmentarios, algunos de los cuales muestran claros signos de uso”.

Hawass aclara que los báculos no eran símbolos de poder y descarta que la lesión en la pierna de Tut fueran post mórtem. “Nuestros estudios demostraron que hubo crecimiento óseo como reacción a la necrosis, prueba de que se produjo estando vivo el rey”.

Hawass concluye que la enfermedad ósea de “Tut” no lo mató, pero sí pudo hacerlo la malaria, pues contrajo en varias ocasiones la forma más grave de la enfermedad, y aún si hubiera adquirido inmunidad parcial a la malaria “pudo debilitarle el sistema inmunitario y hacerlo propenso a complicaciones tras la fractura de la pierna”.

Hawass afirma que la salud de Tutankamón estuvo comprometida desde el momento mismo de la concepción. “Sus progenitores eran hermanos, hijos del mismo padre y la misma madre… Los hermanos casados entre sí tienen más probabilidades de legar a su descendencia dos copias de un mismo gen defectuoso, haciendo que sus hijos puedan tener defectos genéticos.

Quizá la malformación del pie de Tutankamón fuera uno de ellos. Sospechamos que además tenía el paladar parcialmente hendido, otro defecto congénito. Quizá pasó la vida luchando contra estas y otras afecciones hasta que un acceso grave de malaria o una pierna rota en un accidente superaron la capacidad de resistencia de su organismo”.” Otro emotivo testimonio de las consecuencias del incesto real podría estar enterrado en la tumba de Tutankamón.

 


Por más de 3270 años su cuerpo había quedado oculto a los ojos del mundo. A la codicia y la maldad de la raza humana. Al igual que sus antecesores, Tutankamón había sido enterrado en el Valle denominado de los Reyes. Todos aquellos que reinaron sobre la misteriosa raza descansaban allí en uno u otro lugar. Por siglos el Valle de los Reyes había sido saqueado por todo tipo de maleantes, aventureros, conquistadores y, finalmente; los arqueólogos que deseaban los ocultos tesoros del lugar. El valle fue saqueado de una forma tal que sus paredes graníticas parecían un paisaje escapado de la Luna. Se llegó al convencimiento de que todos los Faraones habían rendido sus secretos a la Humanidad en una u otra forma. Pero aún quedaba una... Tutankamón.
Muerto en plena adolescencia en el año 1340 antes de Cristo, nadie sabía con exactitud en donde se hallaba su tumba. Howard Carter se encontraba trabajando para el gobierno de Egipto como Inspector General del Departamento de Antigüedades.
Había dedicado casi la totalidad de su vida científica a la tarea que le llevaba de la mano. El descubrimiento y conservación de los tesoros escondidos en las tumbas reales. Uno tras otro los arqueólogos que buscaban la tumba de Tutankamón se dieron por vencidos. Liquidaban sus expediciones y volvían a sus tierras y a sus Universidades contando lo que podía haber sido.
Solo uno permaneció expectante. Howard Carter estaba decidido a develar el misterio del Faraón adolescente. Desde 1917 se dedicó a excavar en los restos de los otros arqueólogos. No teniendo el capital suficiente, muchas veces él mismo tenía que emprender la tarea con algún estudiante, discípulo u obrero mal pagado. Excavaba en los sitios en que se había excavado con anterioridad por dos motivos. Primeramente porque de esta forma se ahorraba en mano de obra y por otra porque ya había camino adelantado en las excavaciones abandonadas. Era un juego rutinario pero que podía rendir frutos. La principal ventaja de Carter era su profesión. Residiendo en Egipto, trabajando para el gobierno tenía todo el tiempo del mundo para finalizar su tarea (si lograba el éxito). Los informes mostraban que, efectivamente; la tumba de Tutankamón no se había encontrado aún. Que estaba allí desafiando todos los esfuerzos para dar con su paradero. Por lo tanto Carter se dedicó a esta tumba especialmente.



EL DESCUBRIMIENTODE LA TUMBA

Y por fin, el 26 Noviembre de 1922 sus esfuerzos de varios años dieron el resultado apetecido. La entrada a la tumba fue descubierta. Dieciséis escalones que conducían hacia las profundidades (esto dio pie a la teoría de que Tutankamón solo tenía 19 años al morir.) Tras bajar los escalones Carter se encontró en una antecámara. Tras de él se encontraba Lord Carnavon, arqueólogo aficionado y el hombre que había suministrado el dinero para la tediosa y costosa operación de rescate, Carter se inclinó ante la puerta de granito. Una puerta maciza grabada con todo tipo de signos jeroglíficos. Bajo la puerta había una especie de rajadura por la cual podía verse hacia adentro. Carter se inclinó con su linterna y la enfocó hacia la Tumba Real. Por varios minutos permaneció inmóvil viendo lo que acabamos de describir. Los tesoros incontables que brillaban en la oscuridad y que adquirían dimensiones propias al ser violados por la luz eléctrica... casi 3500 años después de su desaparición.
Los tesoros que yacían en aquella tumba, como diría Carter más adelante "estaban fuera del ámbito terrestre, sencillamente no tenían precio para ser evaluados." No andaba lejos de la verdad. Piedras preciosas en montones. Muebles de oro sólido, vasos de exquisita configuración, mantos reales conservados en perfecto estado, y finalmente un trono real de oro que por sí solo valía el rescate de un Emperador. Todo esto sin contar infinidad de pequeños objetos, cada uno de los cuales hubiese hecho las delicias de cualquier museo en el mundo a un precio de millones. Todo junto, lo contenido en las cuatro cámaras encontradas fue descrito por el arqueólogo americano James Breadstad como "Los inmensos e incalculables tesoros de un niño que dominó el mundo mucho antes de que se conociera Creta, antes de que Grecia fuera concebida o Roma creada... y cuando aún más de la mitad de la historia de la civilización estaba por escribirse".
            

Y sin embargo, el momento más emocionante y remunerador tendría que venir dos años después, el 3 de febrero de 1924, cuando Carter y su cuadrilla finalmente abrieron la puerta en la última cámara, la dedicada a tumba del Faraón especialmente. Un grito de admiración escapó de la garganta en los pocos presentes. Estaban ante un masivo ataúd de granito de más de nueve pies de largo. Dentro del ataúd había otros tres más pequeños que a su vez se fijaban uno en el otro con pasmosa precisión. Los dos exteriores hechos de madera con incrustaciones de oro y piedras preciosas en la parte interna. Y el tercero y último conteniendo los restos del faraón adolescente hecho de oro sólido. Allí estaba el cuerpo momificado del faraón Tutankamón. Su rostro cubierto con una máscara que semejaba sus facciones aniñadas y también de sólido oro.

Carter y sus obreros no constituían los primeros violadores de la tumba. A las claras se veía que, ladrones del Valle de los Reyes habían penetrado en ella. Aun cuando ninguno de ellos se atrevió a tocar el ataúd real. Los sellos en las puertas habían sido rotos y arreglados nuevamente por los guardianes. Tutankamón fue violado en su descanso eterno por Carter. Estos históricos y maravillosos descubrimientos atrajeron la atención internacional en el acto. Cientos y miles de turistas llegaron al Valle de los Reyes desde todos los ámbitos del mundo. Caminaban por el polvo del desierto excavando, pateando y apartando cuanta piedra había en su camino con la esperanza de encontrar algún objeto precioso perdido.

Esto hacía que Carter tuviera que mantener continua vigilancia 24 horas al día sobre su descubrimiento. Pero aún más que los tesoros había algo que atraía la morbosidad de la multitud. Se corría entre los egipcios una leyenda. Se decía que todo aquel que violara la tumba del faraón Tutankamón encontraría muerte por su profanación. Una maldición ancestral, mística y horrenda que escapaba desde las gélidas paredes de la tumba subterránea y que detenía a todo aquel que se acercara a ella con la excepción de Carter y su equipo.

LA MALDICIÓN COBRA FORMA
Sintiéndose muy solitario y cansado, Carter había instalado en la tumba - donde trabajó diariamente durante 16 años - una jaulita con un canario, cuyo canto ponía algo de alegría en el sombrío ambiente. Una tarde notó que el canto se interrumpía bruscamente y, al levantar la vista, vio una cobra (la serpiente guardiana de los faraones y encarnación de la diosa Edjo) devorando a su infortunada mascota...

La maldición comenzó a confirmarse. Lo que comenzó como un simple cuchicheo terminó por convertirse en trágica realidad, en apariencia. La muerte de Lord Carnavon fue el gatillo que disparó la imaginación del mundo entero. Murió el 5 de Abril de1923, apenas diez meses después de haber penetrado en la Cámara Real. George Edward Molyneus Herbert, más conocido como el quinto conde de Carcarvon había tomado la egiptología y la arqueología con la misma pasión que otros millonarios y miembros de la nobleza toman los deportes o la sociedad. Mientras que se encontraba en los días del sensacional descubrimiento fue picado por un mosquito en la mejilla izquierda. No le prestó la menor atención a la picada de mosquito, un incidente que ocurría día a día y a millares de turistas y locales. Una semana después, mientras que se afeitaba se cortó encima de la picada anterior.
De repente, un par de días más tarde comenzó a sentirse mal de salud. Y se agravó tanto que tuvo que ser trasladado al Cairo con urgencia. El 17 de marzo se conoció que una grave infección le había atacado la garganta, el oído interno y el pulmón derecho. Los doctores en El Cairo le dieron diversas inyecciones de suero que, aparentemente detuvieron el curso de la enfermedad. Sin embargo el 27 de marzo un ataque fulminante de neumonía se extendió por ambos pulmones.

sábado, 1 de junio de 2013

MISTERIOS DEL MUNDO

EL MISTERIO DE LA ATLANTIDA

El origen de la Atlántida, su cultura y sobre todo su localización, ha sufrido toda clase de propuestas, extravagantes algunas de ellas, que han llevado a sus gentes desde ser una sociedad avanzada tecnológicamente, incluso hasta por delante de nuestros tiempos, hasta ser una sociedad infinitamente rica, e incluso llegados de otro planeta. Sea como fuere, en algún punto de la tierra, desde las profundidades del mar, siglos de historia nos contemplan, ocultos donde nadie puede encontrarlos.

Fue Platón, hacia el 347 a.C. el primero y único que dejó por escrito la existencia del reino de la Atlántida en sus diálogos de Timeo y Critias, cuando hizo una descripción de ella como una isla extensa y llana en cuyo centro había una colina, que a su vez estaba rodeada de tres anillos concéntricos de mar. En la cima de la colina había un templo dedicado a Poseidón y Cleito rodeado por un muro enteramente de oro. A su lado, otro templo de Poseidón estaba hecho de plata. Dos fuentes manaban constantemente agua, una fría y la otra cálida.

En el anillo más cercano vivían los más ricos y de alto status de su sociedad, y en el siguiente anillo los plebeyos. Más allá una extensa pradera repleta de aromáticas sustancias, hasta completar una isla “más grande aún que Asia menor y Libia juntas”…

Como vemos, una descripción demasiado idílica como para resultar creíble, más aún cuando la descripción que hacía Platón la basaba en las historias de un ateniense, Solón, que decía haberlo escuchado de un sacerdote al que a su vez se lo había contado otro.


Similares propuestas se hicieron para su desaparición, ya que según aquellos escritos, su sociedad se perdió en su propia decadencia y corrupción. Sus gobernantes quisieron expandirse y comenzaron una época de invasiones a las tierras cercanas, e incluso se contó que llegaron a dominar todo el norte de Africa, hasta Egipto. Tal ambición fue castigada por sus dioses con una explosión volcánica que arrojó ceniza y arrasó su civilización, para posteriormente ser destruida por un maremoto que la hundió en apenas 24 horas.

Platón situó aquella tragedia alrededor del 9600 a.C. en un lugar que estaba “más allá de las columnas de Hércules”, muy cerca de las islas Canarias, una vez atravesado el estrecho de Gibraltar.

viernes, 24 de mayo de 2013

MISTERIOS DEL MUNDO

LAS PIRAMIDES DE EGIPTO

LA CONSTRUCCION DE LAS PIRAMIDES DE EGIPTO

Uno de los grandes misterios de la humanidad sigue siendo saber cómo en tan breve periodo de tiempo se pudo alcanzar semejante progreso tecnológico, construyendo una pirámide que en tamaño, alineación y precisión sobrepasa hoy en día, cualquier otra construcción del hombre.

Pensemos que las caras están perfectamente alineadas con los cuatro puntos cardinales (apenas hay una desviación de 3 minutos con respecto al norte real), y tienen una diferencia máxima de 58 mm en su longitud. Además, la base de la pirámide es completamente horizontal, con una desviación máxima de 15 mm. Completan estos datos los más de 2.400.000 bloques de piedra que se utilizaron en su construcción —algunos pesan 60 toneladas— y la estimación de fuerza de trabajo que el gran historiador griego Herodoto calculó que llevó su construcción cuando la visitó, allá por el 450 ac: 100.000 trabajadores, durante 20 años ininterrumpidos.

Todos estos datos impresionan más todavía si tenemos en cuenta que los egipcios no conocían el uso de poleas, herramientas de hierro y no utilizaban la rueda en sus construcciones. Las piedras de granito, precisamente las más pesadas de entre las utilizadas, se tuvieron que trasladar desde 800 km. al sur del emplazamiento de la pirámide, en Asuán.

Respecto a cómo se construyó, se lleva debatiendo y lanzándose teorías desde hace siglos, sin llegar a ningún resultado concluyente. La última teoría, y quizá la definitiva, nos la proporcionó en 2007 el arquitecto francés Jean-Pierre Houdin. Según esta teoría, se utilizaron dos rampas para transportar los inmensos bloques de piedra: una exterior, que sirvió para levantar los primeros 65 metros de pirámide, y otra interior en espiral que se fue construyendo paralelamente y que se utilizó para rematar la construcción del resto de la pirámide, y luego se desmanteló en parte parar cerrar la construcción.

Las creencias extraterrestres, por supuesto, no podían faltar las hipótesis de la intervención de seres de inteligencia superior. Von Daniken afirma que hoy día, nadie podría construir una pirámide con la perfección de la de Keops, y si eso es así, la implicación es clara, según él… sólo seres superiores pudieron aportar las técnicas y conocimientos para su construcción. Entre sus seguidores, el propio J.J. Benítez. quienes afirman que no sólo las pirámides tienen implicaciones extraterrestre, sino otros muchos monumentos, como Macchu Pichu o Chichén Itzá.